Mis hermanos mayores se fueron casando y marchándose de casa siempre con una buena relación entre nosotros.
A mí ya me empezaba a gustar ir a las fiestas que se hacían en el pueblo. Las ferias que se celebraban en el mes de abril y las de octubre eran muy famosas en la comarca.
Primero trataré de explicar como era el pueblo. Lo nombrábamos en tres partes: el barrio -la Morería-, el castillo, la plaza mayor. En el barrio se hacía la feria bestial. Los feriantes compraban y vendían para cerrar un trato. Yo me acuerdo que gritaban mucho y también bebían vino aguardiente. El resto de la feria era lo que a mí me gustaba.
En el castillo se montaba un circo que para mí era una maravilla. Yo recuerdo que hacían unos números muy bonitos. Después también había columpios, que eso nos volvía locas a mí y a mis amigas.
En la plaza mayor se instalaban los turroneros en casetas diferentes a ambos lados de la plaza.
Cuando llegaba la noche hacían fuegos artificiales. No los hacían seguidos, era, por ejemplo, cada cuarto de hora. Mientras tocaba la banda municipal algunas piezas, que lo hacían muy bien. Todas las jóvenes nos lo pasábamos muy bien, claro que con catorce o quince años todo nos parecía de color de rosa.
También hacían baile de agarrado y de jotas. Eso era lo mío. Un año me dieron el primer premio de baile con un futbolista que me triplicaba la edad y la estatura.
Así fueron pasando los años hasta que cumplí los dieciocho. Con esa edad me puse novia con mi marido. Nunca me he arrepentido porque siempre nos hemos querido mucho a pesar de todo. Siempre ha habido algún enfado, pero de poca importancia.
Todo eso queda, una madurez bonita y unos hijos y nietos que son lo mejor de nuestras vidas.
30/3/07