15/06/2007

SEMANA SANTA

 
Viernes Santo lo esperábamos todo el año porque nos gustaba y teníamos cuatro días de fiesta. Decíamos que el Viernes Santo era el día más grande pues estábamos todo el día en la calle. Íbamos a las seis de la mañana para ver salir a Jesús de Nazareno de la iglesia de San Miguel. Lo seguíamos por las calles. A las diez de la mañana llegaba a la plaza de San Juan y le hacían el mandato que es cuando se juntaba con la Virgen de los Dolores. Muchos lo seguían hasta las seis de la tarde que se recogía en la iglesia.
Los recuerdos que tengo son muy bonitos. Ese día, en las casas, no se hacía nada de faena, ni la comida. El día de antes se preparaba en casa el Viernes Santo. El menú era el mismo cada año, se comían espinacas con garbanzos, bacalao frito y de postre arroz con leche y un canasto de bizcochos que se hacían en el horno con huevos, azúcar y harina en un papel que ya vendían para bizcochos. Con la cuchara se hacían seis montoncitos y al horno. Salían dorados y el olor decía "¡comedme!". Lo recuerdo todo muy bueno.
El lunes cogíamos el carro y al campo con cara de cansados y los pies dolidos de los zapatos nuevos. ¡Qué mal se pasaba!
Y ya hasta la feria que es el día uno de  septiembre.
18/5/07
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11/06/2007

PÁGINA 16

Cuando mi hermana se dirigía al colegió le mordió un perro que estaba rabiando. Mi hermana no le dijo nada a mi madre, nos enteramos por una niña que la acompañaba. Mi madre preguntó qué perro había sido. Se enteró de que al perro lo había matado un chico que estaba cazando. En aquellos tiempos no había vacunas contra la rabia nada más que en Madrid. La mandaron pedir. Cuando la trajeron empezaron a ponérsela y cuando llevaba 17 inyecciones puestas se le declaró la rabia. Cuando se estaba muriendo, mi madre le limpiaba la espuma que le salía por la boca y mi hermana le decía, "Mamá, no me metas los dedos en la boca que te muerdo". Mi madre lloraba como una Magdalena, viendo como se moría su hija sin poder hacer nada por ella.

Mis hermanos y yo estábamos trabajando en Motril cortando cañas de azúcar. Cuando nos avisaron de que mi hermana había muerto, fueron todos al pueblo andando, pero a mí me tuvieron que llevar subido en un mulo porque estaba accidentado. Me había clavado una cañavera en la planta del pie y no podía andar, pues tenía la herida infectada y me estaban poniendo inyecciones.

Madre mía, como me acuerdo de aquello. Se me quedó clavado en la cabeza y nunca puedo olvidar todas las penas que pasamos con la desgracia de nuestra hermana. Mi madre tuvo que estar en manos de los médicos. No podía olvidar a su hija. No dormía ni descansaba, siempre estaba llorando y no podíamos consolarla. Nosotros,  siempre que la veíamos llorar también nos poníamos a llorar. Con las pastillas que le daban para tranquilizarla, le hacían dormir muchas horas. De esa manera se fue recuperando poco a poco. Con la ayuda de toda la familia, amigos, vecinos..., fuimos saliendo adelante. Espero que no le pase a nadie lo que nos pasó a mi familia.

Porque es muy grande la pena que pasamos todos. Mira si es grande que todavía algo queda en mi corazón, haciendo tantos años que pasó. Ya hace alrededor de cincuenta y seis años, y no se me olvidará nunca en la vida.               

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07/06/2007

COMO SUCEDIERON LAS COSAS DESPUÉS DE QUE CUMPLÍ DOCE AÑOS

  Mis hermanos mayores se fueron casando y marchándose de casa siempre con una buena relación entre nosotros.

A mí ya me empezaba a gustar ir a las fiestas que se hacían en el pueblo. Las ferias que se celebraban en el mes de abril y las de octubre eran muy famosas en la comarca.

Primero trataré de explicar como era el pueblo. Lo nombrábamos en tres partes:  el barrio -la Morería-, el castillo, la plaza mayor. En el barrio se hacía la feria bestial. Los feriantes compraban y vendían para cerrar un trato. Yo me acuerdo que gritaban mucho  y también bebían vino aguardiente. El resto de la feria era lo que a mí me gustaba.

En el castillo se montaba un circo que para mí era una maravilla. Yo recuerdo que hacían unos números muy bonitos. Después también había columpios, que eso nos volvía locas a mí y a mis amigas.

En la plaza mayor se instalaban los turroneros en casetas diferentes a ambos lados de la plaza.

Cuando llegaba la noche hacían fuegos artificiales. No los hacían seguidos, era, por ejemplo, cada cuarto de hora. Mientras tocaba la banda municipal algunas piezas, que lo hacían  muy bien. Todas las jóvenes nos lo pasábamos muy bien,  claro que con catorce o quince años  todo nos parecía de color de rosa.

También hacían baile de agarrado y de jotas. Eso era lo mío. Un año me dieron el primer premio de  baile con un futbolista que me triplicaba la edad y la estatura.

Así fueron pasando los años hasta que cumplí los dieciocho. Con esa edad me puse novia con mi marido. Nunca me he arrepentido porque siempre nos hemos querido mucho a pesar de todo. Siempre ha habido algún enfado, pero de poca importancia.

Todo eso queda, una madurez bonita y unos hijos y nietos que son lo mejor de nuestras vidas.                          

 

30/3/07         

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04/06/2007

PARA MI MADRE QUERIDA

 
Para mi madre querida
que fue mi mejor lucero,
como la quise en la Tierra
también la quiero en el cielo.
En el día de las madres
¡cómo te sigo queriendo!
Desde que tú te fuiste
estás en mi pensamiento.
Cómo recuerdo tus besos,
cómo recuerdo tus gestos,
cuando apretabas mis manos
para decirme te quiero.
Por eso siempre este día
con cariño te recuerdo,
siempre mirando en el cielo
y buscando los misterios.
Siempre miro a las estrellas,
también miro los luceros,
por si en alguno de ellos
está lo que yo más quiero.
Yo sé que mi madre está
en uno de esos luceros,
por eso miro todos los días
porque siempre la recuerdo.
Mientras no suba a los cielos
y me encuentre en este mundo
en los días de las madres
siempre la recuerdo mucho.
Para mi madre querida,
para mi madre del cielo,
le doy un abrazo de corazón,
ella sabe que la quiero.
Me despido con amor
y besos que son recuerdos,
porque en el año noventa
mi madre subió a los cielos.
Pallejà, 3 / 5 / 07
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